martes, 19 de febrero de 2008

Hastío y resurrección

El regreso de la incertidumbre me ha descubierto lo afortunado que soy. Y es que, a veces, los baches revelan tesoros que difuminan por completo las amarguras.
Te quiero.

martes, 5 de febrero de 2008

Terroristas de boina y 'petit point'

Desde pequeño me había hecho la idea de que la vida personal de los terroristas debía de ser la de hombres duros, la de gente acostumbrada a matar por cualquier cosa. El temor me hacía sospechar que su existencia estaba más cerca de la de aquellos gánsteres de novela negra que de la de un tipo normal que se va a trabajar cada mañana. Sin embargo, poco a poco y año tras año, ese estereotipo se ha ido disipando. Primero porque no resulta creible que un tipo duro, un tío malo de verdad, aparezca leyendo un comunicado tapado con un pasamontañas y con una boina calada hasta donde se supondría que debía de tener las cejas, a lo Manolo el del bombo. La imagen provoca risa más que temor. No hay más que ver dos intervenciones suyas en el telediario para observar que sus exposiciones son la defensa de unos paletos de unas tradiciones ridículas. Lo que en cualquier parte del país sería una costumbre avergonzante, ellos lo exhiben como símbolo de la identidad de un pueblo.
Pero la imagen que ha tirado al suelo por completo el estereotipo infantil del terrorista como tipo duro ha sido la incautación de la Guardia Civil de un emblema de ETA en 'PETIT POINT' en la casa del portavoz de Batasuna Pernando Barrena. Sin palabras. Me resulta inverosímil imaginar a uno de los líderes políticos de la organización terrorista sentado junto a un brasero bordando una serpiente enrollada en un hacha para después sentarse con sus compinches a trazar un atentado.
En definitiva y como dice un amigo, los nacionalismos no dejan de ser una recuperación de costumbres por absurdas que sean. No tiene nada de moderno pese al aura de libertad con el que pretenden impregnar a tradiciones como cortar un arbol de un hachazo, levantar una piedra o calarse una boina hasta las cejas. Quizás en vez de presentarse como víctimas deberían salir un poco más del pueblo y ver mundo.

miércoles, 16 de enero de 2008

Animales políticos

Lo consiguió. Después de meses de angustia y de pelear como gato panza arriba, su nombre no sale en las listas. Ha quedado fuera y lo celebra con elogios y promesas de trabajo por el partido. Atrás quedan las maniobras internas para evitar su participación en lo que se supone será una debacle electoral pese a que ahora diga que nunca entró en las quinielas. Llega el momento y todo está en su mano. Se quedará en Valencia para supervisar su relevo y, si acaso, un posible asalto a la Generalitat. Y es que, aunque parezca increíble, ya suenan las campanas para Camps como mesías del PP mientras ella se frota las manos. Si se cumplen los pronósticos, el Palau está a tiro de piedra y seguro que esta vez no se le escapa.
Faltan algo más de dos meses para que el humo de las elecciones se disperse pero Barberá lo tiene todo calculado. La pugna de Gallardón y Aguirre le beneficia. Es más, lo sabe y la promueve. Con suerte, un amigo de Alicante me pagará una cena en breve.

Para mi alter ego

Sé a ciencia cierta que no lo leerá pero este post es para ella. Porque aunque no lo sepa es la persona más extraordinaria que me he encontrado a lo largo de mis 30 años de existencia. Porque es lo mejor. Porque es la reencarnación de lo que más he querido en mi vida. Porque cada día echo más de menos nuestras xarradas nocturnas en el balcón de Jesús.
Es, sin duda, con quien más momentos de alegría he compartido en la vida y también con quien más he sufrido. Somos, aun sin pretenderlo, almas gemelas o así lo entiendo yo. Nos parecemos como gotas de agua incluso en lo físico. Es mi bien más preciado y sé que debo cuidarla como tal aunque a veces no lo haga como debiera.
Me gustaría decirle que aunque se vaya lejos no dejaré de quererla nunca pero jamás me he atrevido a transmitírselo en persona. Por eso aprovecho este espacio, el mío, para hacerlo: Te quiero, no cambies nunca.

domingo, 13 de enero de 2008

Habas contadas

Comienza el año como acabó el anterior, con dudas. La incógnita lo envuelve todo. No sé si voy por el buen camino. De los cambios propuestos en el anterior post no llego a estar del todo convencido. Cambiar mi personalidad llegada la treintena me parece una faena imposible. Modificaré algo para poder asumir más responsabilidades pero son muchos años para pretender ser otro. Esto es lo que hay, son mis cartas y tampoco soy de echarme faroles (Bueno, un poco sí). Siempre critiqué que otros intentaran alterar lo que eran y ahora me miro en el espejo y veo exactamente lo que cuestionaba de los demás. Por eso, el nuevo propósito será tranquilizarme y volver a ser yo. La paciencia es una virtud que nunca he tenido y que ahora me hace falta como el agua.
Por lo demás, las dudas se reparten por igual. En lo político, mi voto está por decidir. No me convence ninguna de las opciones más o menos decentes, así que creo que me encamino hacia la papeleta en blanco. Lo del Ministerio de la Familia me parece de chiste y los últimos anuncios de Zapatero le alejan definitivamente de los principios sociales que su partido trata de sostener en sus siglas. Nada de nada. Cada vez hay menos esperanzas de que aparezca alguien decente por quien merezca depositar un voto en la urna.
En lo profesional, también regular. Demasiado esfuerzo y poca recompensa. Páginas y páginas y nada que destaque. Es verdad que hacer algún suplemento que otro me da un poco de oxígeno porque puedo hacer lo que me apetece pero no es suficiente. Necesito más y sé que el esfuerzo debe de venir de mí.
Esto es lo que hay pasadas las primeras semanas de enero. Cada día es más acuciante la sensación de que sigo un camino que se desdibuja a cada paso, donde doy todo lo que tengo y parece que nunca es suficiente. No es una excusa para abandonar los propósitos marcados a principios de año, sólo es que estoy triste. Espero que se me pase pronto.

lunes, 31 de diciembre de 2007

Año nuevo, propósitos viejos

A punto de cambiar de año me descubro trazando estrategias vitales para no ser un auténtico desastre en 2008. No es la primera vez que lo hago. Cada año por estas fechas siempre reflexiono y me trazo un camino que, por supuesto, nunca cumplo. Pero este año debe de ser diferente. Se puede decir que he tomado posesión de mi vida en solitario (con piso incluido) y, después de los primeros ajustes, parece que todo va encajando. Por un momento pensé que la casa me iba a comer. Cuando acabas una cosa debes de empezar otra y así sucesivamente hasta el infinito sin tiempo para tomar un descanso. Es asfixiante. Con todo, confío en tomar las riendas definitivamente cuando ponga en marcha la caldera. Dos meses sin agua caliente y sin calefacción me parecen demasiados.
Bueno, pues el nuevo estatus me debe de servir para crecer. He prometido que me voy a organizar mejor y debo cumplirlo. Por mí más que por cualquier otra cosa. El orden que trató de inculcarme mi padre desde la infancia es el sendero más fácil para enderezar mi vida. Lo primero será comprar una agenda y lo segundo, seguirla día a día. Poco a poco, eso sí, que mi pachorra no me permite ir más deprisa. Sólo pido un poco de paciencia. Por parte de los demás y de la mía propia.
Un amigo me ha invitado a reflexionar con él cuando regrese de su periplo por el globo. Me parece que ha tenido mucho tiempo para pensar y que me van a sorprender sus planteamientos. Para bien, claro. Me alegra verle finalmente con rumbo fijo, con seguridad y con las cosas bien atadas. Ahora sé que debo de seguir algunos de sus pasos para recorrer con seguridad el camino que me he propuesto para el nuevo año.

PD. Siento el retraso, cuestiones de la técnica.

lunes, 3 de diciembre de 2007

El espíritu persiste

No fueron fiestas excepcionales por lo formal pero sí por lo anímico. Considerar los reencuentros y los escenarios exclusivamente me parece injusto porque el acontecimiento profesional del año y sus circunstancias depararon más de una sensación agradable. Fue como en los viejos tiempos, una celebración de menos a más. Como cuando cada cosa estaba en su sitio y todo transcurría con naturalidad, lejos de los quebraderos de cabeza que trae la edad. Y encima, por partida doble.
La tensión y la falta de glamour del primer aniversario, el de Valencia, quedaron compensados por el espíritu colectivo. Tuve la agradable sensación de haber regresado al colegio, cuando los profesores concertaban citas colectivas con los padres e intercambiábamos presentaciones entre los colegas. Porque quien más quien menos estuvo entre familiares y amigos. Yo mismo conocí a los padres de muchos y exhibí a mis compañeros ante el mío. Luego, todo fue como esperaba, genial. Pasándomelo como no recordaba y haciendo más de una confesión. Incluso ejerciendo de modelo de un gran maestro.
La segunda, la de Alicante, fue aún mejor. No hubo casi presentaciones pero sí más complicidad y una maestra de ceremonias insuperable (de la que nos privaron en Valencia por un 'despiste' del jefe de esos que no existen luego). La fiesta vino con los de siempre y con los nuevos. Los extraños desaparecieron pronto y nos dedicamos a lo nuestro, a pasarlo bien. Algunos aprovecharon para conocer a sus compañeros en la distancia en su mejor momento, en la relajación de una gran farra. Otros, para confirmar sus suposiciones. Sólo eché en falta una cosa: a mi amigo del alma decretando el final con una gran charla. Aunque los nuevos tiempos no son tampoco nada malos.
La tercera la propició la oportunidad y era, quizás, la que más nervioso me ponía a priori. Sin embargo, fue entrar y sentirme cómodo, tanto por ellos como por mí mismo.
Nada más que pedir a un fin de semana excepcional.