Repetirse uno mismo que eres el mejor puede estar bien. Sube la autoestima y ayuda a ganar confianza. El problema aparece cuando llegas a creértelo tanto que incluso pretendes que tus compañeros te idolatren y comulguen con tus excesos de autoconfianza. Más si incluso insistes en despreciar a los demás para acrecentar tu imagen. Eso mismo ocurrió el otro día en la redacción cuando un compañero consideró a voz en grito que su sección era la puntera del periódico. Subrayó que no es que considerase que su departamento fuese de los más importantes y con mayor peso sino que los que lo integran son los cabezas indiscutibles del cuadernillo. Hubo algunos reproches pero no le hicieron rectificar. Estaba tan cegado en su propia persona que no reparó en el menosprecio con el que había tratado a los presentes. No es la primera vez que le sucede y he decidido no responderle más. No se lo merece. Si quiere mantener esa ficción es su problema. Por mucho que se repita una afirmación no tiene por qué convertirse en realidad.
No fue a mí a quien más hirió su comentario. No estoy ahora mismo en condición de sacar pecho como confesé en mi anterior post pero allí había algunos compañeros que han tenido una semana más que brillante, con temas de verdad, de los difíciles de conseguir y no de esos de buscar un matiz para diferenciarte de la competencia como los del protagonista del post. Me parece una burla que los mismos que reiteran continuamente que esto no es un proyecto individual sino colectivo caigan en el error de auto-reafirmarse delante de los que menos cobran y más trabajan. Qué poco han tardado en asimilar los fantasmas del pasado!
Un cambio de opinión de Margallo
Hace 9 años